Cardenal Bo: dolor por Santa Sofía, promover la libertad de religión

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“La libertad de religión o creencia es un derecho humano fundamental para todos; el derecho a elegir, practicar, expresar y cambiar la propia fe, o a no tener ninguna, es la libertad más importante para todos”: lo afirmó el presidente de la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas (FABC), añadiendo que “convertir a Santa Sofía en una mezquita representa una amenaza similar a la libertad de religión o de creencias, al amor mutuo, al respeto de la dignidad de las diferencias”

No repitamos los errores del pasado, sino promovamos la libertad de religión, el amor mutuo y el respeto por las diferencias: así comenta el cardenal Charles Maung Bo, como presidente de la Federación de las Conferencias episcopales asiáticas (FABC), la decisión de Turquía de transformar el Museo de Santa Sofía, antigua basílica cristiana, en una Mezquita. “La libertad de religión o creencia es un derecho humano fundamental para todos; el derecho a elegir, practicar, expresar y cambiar la propia fe, o a no tener ninguna, es la libertad más importante para todos”, afirma el purpurado en una nota de la agencia Ucanews.

Una libertad que el cardenal Bo subraya que ha defendido “constante y apasionadamente en toda Asia para los musulmanes, budistas, hindúes, judíos y cristianos de todas las tradiciones”. “He hablado a menudo en defensa de los pueblos musulmanes perseguidos y seguiré haciéndolo sin vacilar y de manera inequívoca – explica el presidente del Fabc – porque la verdadera libertad de religión requiere el respeto de la libertad de los demás para practicarla”. Sin embargo, “la decisión de Turquía me duele – explica el cardenal – no porque quiera negar a mis hermanos y hermanas musulmanes los lugares de culto, al contrario: defiendo su derecho, tanto como defiendo el de todos”.

El cardenal Bo cita, a continuación, los numerosos casos de mezquitas arrasadas y de musulmanes perseguidos en varios países del mundo: Myanmar, India, Sri Lanka, Indonesia, Irán, Siria, Irak, y subraya: “He hablado de esto y he condenado estos actos inhumanos”. Sin embargo, “convertir a Santa Sofía en una mezquita representa una amenaza similar a la libertad de religión o de creencias, al amor mutuo, al respeto de la dignidad de las diferencias”. El purpurado realiza también una referencia al contexto actual: “En un momento en que la humanidad está sufriendo las graves consecuencias de una pandemia mundial, debemos unirnos, no alejarnos; debemos dejar de lado las políticas de identidad, abandonar los juegos de poder, prevenir los conflictos étnicos y religiosos, aumentar la dignidad de las diferencias entre todos los seres humanos y cultivar la diversidad y la unidad”, sin “reabrir heridas y exacerbar divisiones”.

“Defenderé cada mezquita, cada sinagoga, cada templo posible – reitera el purpurado – y sé que los líderes religiosos que trabajan por la paz harían lo mismo por mí”. Este es el espíritu que necesitamos: respetar y defender las libertades del otro para practicar el culto como queremos, para expresar nuestra fe según nuestras tradiciones, para convertirnos libremente según nuestra conciencia, nunca por coacción, nunca por imposición”. En el pasado, concluye el cardenal, hubieron “sufrimientos indecibles” vinculados al uso de “edificios y lugares sagrados”: “No repitamos los errores de la historia. La reciprocidad es una virtud humana y natural”.

La del presidente del Fabc no es la única voz que se levanta sobre Santa Sofía: ya en el Ángelus del 12 de julio pasado, el Papa Francisco había dicho: “Pienso en Santa Sofía, y estoy muy dolido”. Posteriormente, el Alto Comité para la Fraternidad Humana hizo un llamamiento para que “se eviten las divisiones y se promueva el respeto y la comprensión mutua entre todas las religiones”. Exhortaciones similares provinieron, entre otros, del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), del Patriarca caldeo, el cardenal Louis Raphael Sako, que calificó el asunto de “triste y doloroso”, y del Patriarca de Moscú y toda Rusia, Kirill, que subrayó: “Es deber de todo estado civil mantener el equilibrio, reconciliar a la sociedad y no agravar las discordias, a fin de unir a las personas y no dividirlas”.

Inaugurada en 537 bajo el emperador cristiano Justiniano, la antigua basílica cristiana de Santa Sofía se convirtió en mezquita en 1453, tras la conquista de Constantinopla por los otomanos.  En 1934, el primer presidente de Turquía, Mustafá Kemal Atatürk, la convirtió en un museo. Recientemente, un decreto del Jefe de Estado, Recep Tayyip Erdoğan, la abrió de nuevo al culto islámico. Y justo el 24 de julio, Santa Sofía acogió la oración del viernes, la primera en 86 años. Para la ocasión, se colocó una placa con la inscripción en turco, árabe e inglés: “Gran mezquita de Santa Sofía”.

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano